Cuando hablamos de lúcido, nos referimos a la «luz», a esos sueños que nos aportan claridad para ayudarnos a actuar en nuestra vida diaria.

Se podría decir que existen dos tipos de sueños lúcidos: aquellos en los que tú eres consciente de que estás soñando, en los que de alguna manera puedes actuar de manera voluntaria dentro de tu sueño, y los otros sueños en los que obtienes información que te aporta un beneficio para ayudarte en tu día a día, ya sea de forma genérica o en un tema concreto. Estos últimos son los que vamos a abordar en este capítulo, dando una técnica para que puedas practicarlo.

Para tener este tipo de sueños antes tendríamos que pasar por una incubación del sueño, pero… ¿Qué es una incubación? Íncubo viene del latín incubatio: in + la raíz cub (que significa «estar acostado» o «acostarse»). También, cuando pensamos en que algo se está «incubando» es que algo se está calentando para desatar algo, como la gallina que incuba el huevo para que luego salga el pollito. Es precisamente esto lo que hacemos cuando practicamos la incubación en el sueño: preparamos nuestra mente y nuestro espíritu para que a través del sueño obtengamos un beneficio consciente.

Hay muchos ejemplos en la historia de personajes relevantes que dicen haber descubierto soluciones a través del sueño. Por ejemplo, Plinio el Viejo en su Historia Natural dice que a través de un sueño descubrió que la raíz de la rosa curaba de la hidrofobia.

Una técnica para practicar la incubación y poder tener un sueño lúcido:

  1. El día que vayas a practicar la incubación, escribe por la mañana en un papel blanco con tinta negra exactamente cuál es tu problema y por qué no encuentras una solución, o por qué las soluciones que estás aplicando no surgen efecto. Es importante––por lo menos al principio de practicar la incubación–– que plantees un problema especifico.
  2. Después de escribir el papel con tu problema, te tumbarás o sentarás en un lugar cómodo, cerrarás los ojos, y comenzarás a respirar haciéndote consciente de cada inhalación y cada exhalación; unas veinte respiraciones de forma lenta. A continuación, visualizarás en tu mente durante no más de cinco minutos una escena o varias, en la que esté presente el problema concreto del cual quieres obtener ayuda. A continuación, abrirás los ojos y dirás: «HOY ENCONTRARÉ LA SOLUCIÓN». Cerrarás los ojos y los volverás a abrir, repitiendo lo mismo.
  3. El papel donde hayas descrito tu problema, lo esconderás debajo de la almohada y escribirás en un nuevo papel en blanco con bolígrafo rojo una pregunta concisa sobre el problema que tengas. Mirarás fijamente la pregunta durante treinta segundos más o menos. Doblarás el papel y lo llevarás contigo escondido en una prenda interior (calcetines, medias, sostén, etc.) durante todo el día, en el que desempeñarás tu tarea o trabajo de forma normal.
  4. Compra esencia o incienso de verbena para quemar, y unas hojas de laurel.
  5. Dirígete a la cama al menos veinte minutos antes de la hora habitual en la que duermes. Antes de tumbarte, enciende el incienso o quema la esencia de verbena, impregnando toda la habitación con este aroma. A continuación, cierra la puerta de tu habitación y pon las hojas de laurel y el papel con la pregunta que formulaste por la mañana y llevaste dentro de tu ropa interior, debajo de la almohada donde vas a posar la cabeza al dormir. Túmbate en la cama, asegurándote que nadie ni nada te va a molestar en tus horas de sueño.
  6. Lee la siguiente frase: «Me entrego absolutamente a mi sueño; el me revelará aquello que estoy buscando (visualiza una imagen o escena que tenga relación con el problema que quieras resolver). Convencido de ello, en unos breves momentos me iré a dormir, me entrego sin temor y con convencimiento. Mi inconsciente me hablará, mi consciente me lo hará saber y yo sabré como actuar».
  7. Observa todo lo que tienes a tu alrededor, cada detalle de tu habitación, y obsérvate a ti mismo: saborea, huele, siente, oye, percibe todo, agudiza sus sentidos como si una puerta dentro de ti se abriera, dispuesta a recibir sensiblemente todo lo que te rodea y todo lo que eres.
  8. Apaga la luz de la habitación, cierra los ojos y visualiza aquello que quieras alcanzar, sea lo que sea. Puede ser la solución a un problema, aprobar un examen, conseguir ascender de trabajo, tener una mejor relación con tu pareja etc. lo importante es que intentes ver una escena donde el problema ya esté resuelto o algo simbólico a esto.
  9. Comienza a respirar haciéndote consciente de cada inhalación y de cada exhalación, unas veinte respiraciones de forma lenta. Siente que cada vez que expulses el aire en paralelo se están marchando tus preocupaciones, cargas y estrés, como si te fueras desinflando y cada vez te sintieras más ligero.
  10. Haz una pregunta concreta. Realízala consciente de lo que quieres realmente saber y para qué te va a ayudar esa información. Muchas veces no obtenemos las respuestas porque nos da miedo saberlas, por eso es importante que tengamos esto claro.
  11. Repite la pregunta tres veces y a continuación di: «En mis sueños estará la solución; mañana despertaré y la sabré». Repítelo cinco veces.
  12. Duerme, duerme, duerme, y mañana al despertar acuérdate de lo que soñaste; allí está la solución.

 

No te desesperes si no logras obtener la información en tu primera incubación; a veces hay que repetir este proceso varias veces. También debes estar alerta en los días que practiques la incubación; quizá no obtengas la respuesta al despertarte instantáneamente, pero puede ser
que durante el día te venga a la mente una frase, una imagen o una señal que te dé la solución. Este ejercicio adaptado te puede servir también para provocar sueños telepáticos o ayudar a tener claridad, por ejemplo para el día de un examen.